Fue un honor que pasara por mi entierro
pero era innecesario que llorara,
ya vino el cocodrilo para eso.
No se ofenda, comprendo
qué tiene de egocéntrico su duelo,
sé que asocia mi marcha a despedirse
del fútbol, las meriendas,
las tardes infinitas con amigos...
Dejar esa liturgia de los niños
a cambio de un futuro sin certezas
debe de parecerle tan absurdo
como perder la mano y conformarse
con un trozo de hierro retorcido.
Le contaré un secreto de ultratumba:
Wendy echará de menos ese garfio
mucho más que las torpes caricias de mi zurda.
¡Cuánto nos divertimos recordando
que usted pensaba en ella secuestrada!
No se ponga nervioso, niño grande,
acabará entendiendo,
-hay algo de talento bajo ese gorro verde
de explorador de todas las quimeras-,
acabará entendiendo en cuanto deje
de soñar con orgasmos que le salven
y abra por fin sus ojos de hombre bueno
más allá de esta isla condenada.
Mi querido enemigo,
mi eterna pesadilla preferida,
no existen polvos mágicos que curen
las ganas de volar.
La infancia, señor Pan, dura un suspiro,
Nunca Jamás ha muerto
pero eres joven, Peter,
y estás vivo,
invéntate otro cuento.
Este poema me gusta, ya lo sabes, aunque !hay algunas cosillas!, como eso de que rime "cuento" con "muerto", que chirría. El final lo puedes mejorar o borrar, eso de los polvos que curan las ganas de volar no es solo infantiloide sino cursi, un abrazo de tu amado Troll
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